La vida que guardamos en los cajones

Giró la llave y la cerradura sonó a metal viejo, oxidado por el tiempo y el desuso mientras sentía como una parte de si misma desaparecía, quizá enterrando lo mejor de aquella vida. Sin embargo algo que desconocía le hizo dudar de aquella acción tan simple. Cuando sintió la mano acariciando su nuca, su respiración acompasada y profunda tras de sí, comprendió que todo lo que había guardado eran los recuerdos oscuros de una vida alejada de su verdadera realidad. Aún así, y con el calor de su piel sobre la suya, un fugaz pensamiento cruzó su vasta memoria y le hizo dudar.

Para su sorpresa, no le pidió la llave, tan solo extendió una cadena de acero, algo corta pensó y le susurró que descolgase por ella la llave. Así lo hizo y unos minutos después, cerró el metal rodeando su cuello, como un lazo apretando su piel ligeramente. La llave ahora quedaba expuesta sobre el comienzo de su pecho, sin casi espacio para su balanceo. Notó el metal asombrosamente cálido y lo acarició con sus dedos. No comprendía el motivo de todo aquello, pero se dijo que como siempre le daría una explicación más adelante. Giró su cuerpo y su cara quedó frente a su pecho, aquel poder que emanaba y que era incapaz de comprender, hacía que se sumergiese entre aquellos brazos que le rodeaban sin vacilar, sintiendo esa protección infinita que le costaba tanto abandonar. No se atrevía a mirarle a los ojos en aquellos momentos, no por miedo sino por vergüenza quizá, temerosa de hacer algo que no le estaba permitido. Pero él siempre mitigaba esa duda cuando con sus manos y su voz le solicitaban que alzase la vista.

El pasado no se puede enterrar, por mucho que lo intentemos, por mucho que nos atormente, forma parte de nosotros, vivimos con él y nos debilita o nos fortalece. En ambos casos, solo nosotros somos los únicos capaces de aceptar lo que nos ofrece. Ocultar tras esa cerradura lo viejo y obsoleto no te va a hacer mejor ni avanzar, porque en algún momento, necesitarás rememorarlo, recuperarlo o simplemente observarlo. Esos símbolos que tanto detesto a veces son necesarios, no como patrimonio de una entrega sin concesiones, sino como baluarte de lo que uno significa para sí mismo y para el otro. Esa llave la llevarás contigo, siempre, y quizá algún día te enseñe a desentrañar porqué elegiste lo que tienes ahora.

Siempre esa rotundidad, siempre las palabras exactas en el momento justo. Le odiaba por hacer que se sintiese tan vulnerable y a veces estúpida y al mismo tiempo tan elevada que todo lo demás resultaba intrascendente. Le abrazó y su mente comenzó a dibujar el contorno de la ropa cayendo mientras la realidad suplicaba por sus manos apretando aquello que hacía un instante era un pasado infame. La marca de la llave incandescente forjó su nueva piel por siempre mientras los labios silenciaban el grito de dolor.

 

Wednesday

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14 comentarios sobre “La vida que guardamos en los cajones

      1. Sí, es verdad… y no siempre estamos de acuerdo con lo que nos imponen…(laboralmente, políticamente) Touché 🙂
        En el plano, íntimo, personal… deberíamos buscar el acuerdo…O saber qué “sorpresas” pueden agradar…

      2. Si, pero de una manera o de otra nos dejamos llevar, por eso de la sorpresa, el romanticismo, la empatía… y al final, nada de eso funciona. Si eres racional, eres frío, si eres sensible, sufres. La mezcla aún siendo deseable, resulta imposible.

  1. Somos aluvión… nos formamos según lo que la vida nos trae… No siempre se es consciente de lo uno toma de referencia… Pasamos años en la oscuridad… A veces, cuando te das cuenta, ya no tienes casi tiempo de enderezar el rumbo… La poesía es un medio de liberar ese mundo interior.

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