Lo que no se ve -II-

Si la gente supiese lo que es vivir lo que no eres, sentir emociones que tienes que reprimir, tener momentos en donde las lágrimas es el único alivio físico que te puedes permitir, se decía mientras sorbía el café ardiendo. Pero en el fondo ella era la única responsable de aquello, guiada por el conservadurismo humano y la cobardía que produce el miedo al cambio y la posibilidad de estamparse contra un muro imposible de sobrepasar. Luchaba cada día con emociones que pensó podría dejar atrás y cuando comprobó que era imposible, luchaba con ellas al lado, en compañía siempre presente pero que intentaba mantener fuera de sus pensamientos. Era imposible. Nada de lo que había o sucedía a su alrededor se lo impedía y tan solo el trabajo y sus hijos, ese pensamiento irrefrenable de hacer las cosas bien, le hacía desmarcarse de sus pensamientos.

Y la vida es muy puta. Se quemó con el café y el dolor le trajo deseos. Y el olor a cuero le trajo tentaciones. Y la voz, de nuevo le soltó una hostia que deseó fuese de verdad, sonora, física, violenta. Tenía tantas preguntas que nunca había podido hacer y deseaba tanto las respuestas… pero de nuevo el miedo le cortó la respiración. “Las rutinas a veces, nos salvan de la locura interna. Son una distracción, pero solo eso, el artificio de nuestra mente para desviarnos de nuestra memoria”. Levantó la mirada y le vio de pie, junto a la barra, sacando unas monedas de su bolsillo. El olor a cuero provenía de él y era tan penetrante como la voz, que ahora daba vueltas en la cabeza, produciendo un eco insoportable.

No sabía que contestar, ni siquiera como reaccionar, pero el continuó, “La alegría no te la dará un café ardiendo, ni siquiera el deseo de una felicidad plagada de tópicos. La felicidad es uno mismo, es la búsqueda del objetivo primario porque siempre debe haber uno. Buscarlo y lucharlo es lo que te hace feliz. El amor ayuda, pero también distráe”. Saludó con una sonrisa y se fue como la última vez. Sintió avivarse su ánimo, el atractivo de lo desconocido, pero sentía que él no estaba allí para eso aunque tampoco tenía ni la más remota idea de que para que estaba. Pensó que era como el granjero que observa las tierras, y percibe el momento exacto en el que plantar ciertas semillas y que éstas, guiadas por la naturaleza, germinen, florezcan y creen una vasta extensión de cosechas verdes. Ojalá se dijo cuando terminó el café.

El trabajo era su rutina, sus hijos eran su rutina y su pasión, su marido era su rutina, la familia, los amigos y ahora, aquella semilla empezaba a echar raíces en su memoria y sus deseos, y por primera vez en mucho tiempo, éstos trepaban aquella escarpada pared monolítica, intentando buscar la manera de llegar a la cima y prevalecer. Por primera vez en mucho tiempo sintió el calor en su pecho y vio la vida de otra manera porque mientras sus deseos escalaban, ella deseaba arrodillarse. Por primera vez en mucho tiempo sonrió de verdad para ella.

 

Wednesday

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