Seguridades y certezas

Admiro a aquellos que son capaces de apartar la duda de su camino, o de pasar el brazo sobre sus hombros, en ese gesto de compañerismo propio de la barra de un bar. Despachando con desden y el dorso de las manos cualquier recoveco por el que se quieran colar, imponiendo unas consignas propias de un emperador romano. No pensaré jamás que en el interior de cada persona el orden es el adecuado y cada cosa está en su sitio aportando el aplomo y la seguridad que atestigua cualquier impronta, ofensa, comentario o réplica. Y de ello se deriva la certeza de aseverar tal o cual cosa. Del mismo modo que asumo que todos entienden que no están en posesión de la verdad pero que su verdad es la buena y chachi. Luego está el morbo grandilocuente de decidir quién es digno de entender las argumentaciones o si de hecho hay que argumentar algo porque una de las cosas más sorprendentes en esto de intentar sentar cátedra es ese tufillo de “porque yo lo valgo” que desprenden ciertas poses.

Admiro a aquellos que son capaces de apartar la duda de su camino, enarbolando una bandera de sentencias que aun siendo discutibles, te restriegan por la cara para que se te queden mejor grabadas, seas consciente de tu ignorancia y por ello no intentes competir en entusiasmo para compartir caminos diferentes. Esos caminos no son seguros, ni fiables, ni asfaltados, ni tienen luz, son pantanosos, ciénagas de opinión argumentada que no es bien recibida. Me vale para lo que os salga de los winflis, política, religión, sexismo… pero para el BDSM, el tajo está bien definido, estás conmigo o contra mí.

Y a mí me va la marcha, el despiporre y el cachondeo, el no dar crédito a lo que leo e intentando averiguar que motivaciones existen detrás de de esas certezas que parecen sacadas del Libro Sagrado del BDSM, ponga usted el versículo que más le convenga. El Génesis que ha debido ser para todos y terminando con el Apocalipsis, donde me parece que todos nos deberemos estar dando de hostias porque no hemos encontrado la mazmorra sagrada para llegar a un acuerdo. Y siguiendo con lo sagrado, que días a conciencia tenemos para ello, que tire la primera piedra quién esté libre de pecado. Nos hacemos expertos en lapidaciones idiomáticas, de opinión, artísticas, políticas y designamos como ciertas, aquellas directrices aprendidas a golpe de lectura rápida, de lección ridícula que rápidamente volvemos a introducir en la corriente salvaje de la opinión, dándole un valor infinito de pureza.

Es un hastío descubrir que las cosas cambian poco, no ya el hecho de interpretaciones diferentes, que eso enriquece, sino el constante goteo de gilipolleces sin sentido, sin argumentación y sin lógica que, como son nuestras porque salen de nuestros pensamientos y por tanto suelen ser los mejores, tienen que prevalecer y sobresalir sobre todo lo demás. Y si no te gusta, a tomar por culo.

Admiro a aquellos que son capaces de apartar la duda de su camino aunque no tengan ni puta idea de lo que hablan.

 

Wednesday

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