El misterio del primer beso

Debería sentirse única. Eso es lo que siempre imaginó. Eso es lo que estuvo buscando tanto tiempo. Sin embargo, mientras le escuchaba, siempre con el mismo tono, enfrentada a los susurros complacientes, pensó que era posible haber errado. La confusión siempre había rondado su vida y aquello era la única manera que había conocido para clarificar todo lo que era y en lo que se estaba convirtiendo.

Pero cuando él hablaba, mucha información no la entendía, se difumina en sentencias inverosímiles. Le hablaba de árboles, de ramas, de olas, de vientos, de calma. Y cuánto más profundizaba, más confusión. No se enfadaba cuando ella se equivocaba, ni siquiera cuando lo hacía a propósito para ver su reacción. Ella contestaba a sus preguntas y él, sonreía con los silencios.

Aquella tarde vino con un paquete, perfectamente envuelto, oscuro. Es hora de jugar, le dijo. Imaginó cuerdas, látigos, plugs, cualquier tipo de juguete o herramienta dispuesta para que por fin él desahogase sus perversiones en su piel. Sin embargo, cuando abrió la caja sólo encontró tierra. Tierra oscura, fina y se sintió de nuevo confusa.

Le miró sin saber que hacer con aquello. Tierra, le dijo intentando aguantar el enfado. Tierra, contestó él. Ella sabía que tenía algún significado pero no lo encontraba. Por dentro lloraba de rabia y por fuera, aguantaba la a lágrimas que irremediablemente se le escapaban. Así fue como se sentó a su lado y acarició su cabello. Ya no pudo contener las lágrimas que cayeron sobre la tierra que tenía entre sus manos.

Esa es tu posesión, el terreno en el que te mueves, consérvalo, cuídalo porque es el lugar donde te arrodillarás y que deberás dominar. Ese es tu cometido, estar así, contemplar desde ahí, crecer como lo hace la semilla hasta convertirse en árbol. No puedes dar frutos sin antes tener raíces fuertes que te alimenten y te protejan. No puedes dar sombra si antes el sol no te ha alimentado. No puedes producir aire si antes no has aprendido a respirar. No puedes cobijar vida si antes no has vivido.

Sintió los dedos aferrarse al cuello con una presión desconocida. Sintió los labios húmedos y carnosos acariciar los suyos. La vida empieza con sutileza, le dijo, pero continúa con violencia y exigencia. Hundió las manos en la tierra. Tu tierra es mía, tu vida es mía.

Wednesday

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