Interludio

Le entregó la cuerda. La soltó de su hombro, perfectamente enrollada, un lazo ambicioso la rodeaba, más tarde y como siempre, se mimetizaría con la piel. Sin ninguna palabra de acompañamiento, la sostenía con las dos manos por los extremos, como si fuesen las asas del recipiente de la entrega. Ella se sorprendió. Sabía lo que significaba aquella cuerda y lo que simbolizaba. Era todo y sin embargo, se la estaba ofreciendo. Era probablemente una prueba pero dudó en extender los brazos para recogerla y él, lo notó.

Ante la duda, soltó la cuerda que cayó con estruendo en el suelo. Ella, asustada se arrodilló sin saber qué hacer, quiso pedir perdón pero tampoco sabía el motivo de hacerlo, quiso recoger la cuerda pero creyó que la cuerda solo debería tocarla él. Aquel momento se convirtió en un impás, fuera de toda rutina. Se dio cuenta de que sin ellas, se sentía perdida y por eso él hacía tanto hincapié en ellas. Miraba al suelo, a sus botas de cuero envejecido, esperando que su mano tocase su cabeza para sentir que debía hacer ante aquella situación. Abrió la boca para hablar pero un siseo suave le detuvo.

“Las dudas, siempre aparecen, tarde o temprano. A veces éstas solo acompañan y van creciendo hasta que crean su propio espacio, tienen vida propia y piensan por uno mismo. Las dudas, pequeña. Otras veces se convierten en preguntas inocentes con significado pleno aunque uno no se de mucha cuenta de ello. Esas cuestiones se convierten en travesaños que crean la escalera que te ayudan a escalar muros que de otra manera serían insoportablemente dolorosos de superar. Las dudas, pequeña. Pero hay ocasiones en las que las dudas dejan de serlo cuando cuestionan cada enseñanza o cada acto, cada pensamiento o cada palabra, y es ahora, cuando necesito una reacción a mi acción, es ahora, cuando las dudas, aquellas, desaparecen y vuelven las verdaderas, y te quedas inmóvil y en silencio, porque aún no has aprendido algo esencial.”

“Mi señor.”

“Cada pensamiento que tengo por ti y para ti, tiene un sentido, uno solo, hacernos mejores. Cada duda relevante que has tenido fue resuelta con rapidez, sin embargo, cuando guardaba silencio, cuando esperaba que fueses tú misma la que resolviese el conflicto, se acrecentaba el rumor infame del desaliento. El camino fácil no es este, no es conmigo, no es junto a mí. Aquí tienes lo que soy, te lo he ofrecido y te lo vuelvo a ofrecer para que compruebes si por ti mismas eres capaz de solucionar tus quejas. ¡Cógela!”

Al hacerlo sintió un escalofrío tan intenso que le resultó doloroso. Se sintió vacía, sucia por mancillar lo que no le pertenecía ni sabría utilizar. Apartó las manos y clavó su cara sobre las botas. No lloró, se sintió imbuida por una fortaleza que no conocía y no se apartó de él.

Aquel interludio le sirvió de reflexión y aprendizaje y se dio cuenta de que aquella unión había resuelto de un plumazo todas las dudas. Había encontrado su sitio, su lugar y éste, le inundó de placer y felicidad.

“Dame la cuerda y atemos esas dudas para desprendernos de ellas de una vez.”

 

Wednesday

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