Correcciones

Mal asunto ese de nadar y guardar la ropa. No se puede estar y ser cosas diferentes por esencia y solo por mantener a cierta parte del personal contento, con la algarabía de tener en frente a un espécimen sobresaliente, que lo mismo te parte el costillar, que te soba el otro con una delicadeza acojonante. Expresiones como mano de hierro en guante de seda, por no hablar de lo melancólico que parece apoyarse en la pared con el brazo entre ésta y la frente, marcando una dignidad de pegote y asaltando la yugular idiomática con frases chulis que hacen que las bragas se licúen y el suelo se llene de aplausos y labios hinchados. Porque ser políticamente correcto es lo más falso y zafio que se puede pregonar, sin más. No te posicionas y si lo haces, regateas, haces unas filigranas acojonantes y al final ni chicha ni limoná.

Es un caldo de cultivo que se da en esto que ahora es moda sin parangón, derecho universal inalienable, libertad de expresión lo llaman. Dónde uno puede a diestro y siniestro juzgar sin vergüenza ajena lo que los demás dicen, escriben o cantan, como si fuese la Bastilla y en las manos llevasen la guillotina de su razón. Sin embargo, cuando se topan con algunos capaces de meterles las cuchillas por el culo, con el consiguiente dolorcillo, apelan con fuerza al victimismo chorra del ataque que va por ende desde, la falta de respeto o el machismo hasta cualquier otra soplapollez capaz de soliviantar al menos pintado.

No hay cojones a asumir ideales o creencias de manera rotunda. Y no lo hay porque enseguida unos, los guays, te tachan de lo que sea menester. Y no, no hay cojones a plantarles cara a esa caterva de putos ignorantes que se han hecho cargo del buen sentido y han hecho de la ignorancia y buen rollismo una bandera que sirve para asaltar cualquier emplazamiento que vaya en contra de esos yihadistas de la gilipollez. Son éstos los que asumen su verdad sin tacha y su estupidez como propaganda. Y tan anchos se quedan, sonriendo con el saco de la verdad lleno y de su lado, observando como las huestes de seguidores sonríen abobados esperando el siguiente incauto con el cuello listo para ser rebanado.

Como era de esperar, en el BDSM estos son legión y son reflejo de esta sociedad ridícula en la que nos gusta hacernos pajas los unos a los otros para quedar bien y marcar la pauta de cómo deben ser las cosas. Yo te reviento la cara porque es lo que hay que hacer pero tú, cuidado con lo que dices sobre el maltrato animal, vegetal o femenino. Lo he puesto en este orden para tocar los cojones, si es que tengo la suerte de hacerlo.

Espero, no sin pesar, que todos estos mequetrefes terminen con un hierro incandescente metido en el culo, porque el hierro está para otros dispendios.

 

Wednesday

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