La elección

Se habían sentado juntos, en primera fila, sintiendo que cualquiera podía observar, con la mano atrapada en la de él y sobre su rodilla. Después de unos minutos en silencio, señaló hacia adelante. Mira y escucha con atención. Aquella es una Paul Red Smith Custom 24 de un hermoso azul luminoso en la tapa de arce. El mástil también es de arce con incrustaciones de nácar en el diapasón y el cuerpo, de caoba. A su lado una Gibson Les Paul de Luxe Collectors Choice, también con tapa de arce pero esta vez de un color llamado sunburst. El mastil de palisandro y el cuerpo también de caoba. En el medio, una Fender Telecaster 52 Relic con el mástil de arce y el cuerpo de fresno, en dos piezas y un color llamado nocaster blonde. Esa de allí, curvilínea y brillante es una Gretsch G6118T Custom130th Anniversary con un cuerpo de tres piezas de arce, como el mástil que a su vez tiene incrustaciones de madreperla y un oscuro diapasón de ébano. La última es una Music Man JP15QM BB con mástil y diapasón de arce tostado, cuerpo de caoba y tapa de arce con un color blueberry burst.

Ella no entendía nada por supuesto. Le gustaba alguna más que otra, por el color o la forma, pero nada más. El significado de todo lo que le había explicado era completamente desconocido para ella. No entendía el motivo de estar allí sentado viendo aquello. Supuso que él lo hacía porque disfrutaba de las guitarras y las cuidaba como si tuvieran vida propia. Pero en el fondo de todo aquel asunto entendió una enseñanza.

Todas son hermosas, le dijo, y diferentes. Diferentes en todo, en forma, construcción, diseño, sonido y fin. Uno debe meditar mucho, más allá del deseo cegador de poseerlas todas, cuál va a ser el juego en el que va a entrar. Si quisiera tocar Hard Rock elegiría la Gibson. Eso no significa que con las otras no pudiese hacerlo, pero se adaptarían de manera diferente a lo que yo busco. Si fuese blues lo que tocase, elegiría la Fender, con los ojos cerrados. Para Jazz, la Gretsch y para metal, la Music Man. En este caso, he dejado la PRS para el final, por su versatilidad, por su cuerpo y definición, una todo terreno que se adapta a cualquier sonido.

Mi señor, no soy capaz de seguir tu argumento, dijo avergonzada. Fíjate en todas ellas, flamantes, impecables, perfectas. Excepto una, la mía, la que hace sonar la música que hoy deseo tocar. Golpeada, ajada, usada y sin embargo, con el sonido más hermoso y sólido. Y deseo las otras, con tanta fuerza que me doy cuenta de que solo puedo mirar al centro y desear aún más acariciar la madera desconchada y exprimir las cuerdas para sacar los sonidos más luminosos, tristes y brutales que sea capaz de entender.

Por eso, estás aquí, conmigo. Que lo que haya al lado, no desvíe tu atención como no lo hace conmigo.

 

Wednesday

 

guitars

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