Una historia de amor sencilla

Con los ojos muy abiertos, cortó. Preciso, quirúrgico, superficial. Entonces, moviendo el cuello con extrañeza, esperó unos instantes. El tiempo suficiente para que el blanquecino corte se fuese oscureciendo hasta dejar salir una gota redondeada y de color carmín. El bamboleo del pecho aún no había cesado y conseguía que la gota, perezosa, se mantuviese entre la piel y el vacío. Cuando se iba a desprender del cuerpo, pasó el dedo sobre ella, embadurnando la piel del rojizo líquido espeso. Apretó el pecho y un fino chorro salpicó una de sus botas. Después lamió como si fuese un bebé, dejando marcados los dientes y transformando lo blanquecino en púrpura.

Ella tuvo claro desde el principio que las emociones caían en su mochila y que en la de él, solo estaban las piedras de las acciones, las buenas y las malas. Lo supo desde el principio y no le importó. Lo supo cuando con muy poco, entendió que entre ellos había un cristal imaginario, tan natural como los propios actos. Sin embargo, esa capa traslúcida no le rodeaba a él sino a ella. Un cristal moldeable que se ajustaba cada día más perfectamente a su cuerpo y a sus cicatrices. Lo notaba cuando le acariciaba el pelo mientras leían uno junto al otro, cuando las palmas chocaban en las nalgas y el deseo de que ese cristal invisible se rompiese se perdía en el propio placer y la profunda entrega. Lo notaba cuando las palabras reverberaban entre sus labios y los de él.

Incluso en aquel instante, cuando tiraba de su pelo y la llevaba hasta el suelo para que lamiese de la bota la sangre propia, el chorro de su propia vida en los pies de quien le mantenía erguida en la vida. Era entonces cuando entendía ese cristal y como el amor, la belleza de esa pureza no podía destruirse. Si él, aunque ella lo deseaba con todo su corazón, sintiese el amor como ella lo sentía por él, no podría elevarla hasta ese altar del dolor en el que se sentía como en casa. Su casa del dolor. Ese cristal invisible, era lo que mantenía la sencillez de esta historia de amor. Ella amaba y él destruía. El equilibrio emocional aun no siendo perfecto, lo parecía.

Cuando limpió la bota lamió sus labios y él, de nuevo cortó.

 

Wednesday

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