Aquella instantánea

Se hacen filigranas mentales para recordar instantes. Con el paso del tiempo, cuando se empiezan a difuminar los rastros que dejaban fijas las imágenes, la perfección del momento, cerramos los ojos con fuerza para intentar volar hasta aquellos instantes, buscando con agilidad indicios para que los recuerdos vuelvan al presente.

Allí tumbado, mientras reía y cegado por el sol que se aventuraba por la ventana y que las cortinas eran incapaces de retener, ella se intentaba escabullir. Gruñía. Se acababa de despertar porque él había estado los últimos cinco minutos susurrándole al oído, aunque después de tantos años era incapaz de recordar el qué. Pero su olor, la piel dulce, la miel, el humo, todos aquellos olores estaban perfectamente ordenados en su mente y explotaban de golpe cortándole la respiración. Mientras lo hacía, había puesto un carrete nuevo en la cámara y comenzó a disparar instantes al azar. Algunas fotos se adherían a las sábanas que cubrían parcialmente el cuerpo deteniendo la luz en las marcas rosadas que el cáñamo había producido por la presión y el roce de la noche anterior. El cuerpo desnudo fue tomado por sorpresa y era imposible no quedarse ensimismado mirándolo. Cada día, ella se levantaba antes para taparse. Se cubría las marcas por vergüenza, pero al mirarlas al espejo se sentía orgullosa. Más de una vez observó como lo hacía sin que se diese cuenta del espionaje emocional que eso suponía. Luego, con calma, se decía que estaba mal violar aquel instante en el que ella dejaba de ser ella y se hacía suya. Ese momento era más posesivo incluso que cuando asfixiaba el fino cuello contra las sábanas mientras tiraba de las cuerdas que hacían arquear la espalda hasta el límite del crujido.

Luego miraba los ojos rasgados por la raza y por la vida, escondidos tras la timidez y de una hermosa sonrisa que tapaba con la mano. Entonces se enfadaba y abofeteaba el rostro infantil porque era la única manera de ver sus dientes, apretando los dedos en los carrillos y formando un círculo perfecto que besaba con fiereza. Tan humilde y frágil, tan sencilla y silenciosa, explotaba en vida cuando se dejaba poseer por quien había elegido. Aquel corte, aquella sangre fue el principio. La única sangre que derramó por ella seguida por litros de lágrimas cuando iban de la mano por el camino hacia la muerte.

El clic de la cámara recuperó su vida, y le recordó que el tiempo no solo pasa, el tiempo te arrastra.

Wednesday

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