Folleto

Las estanterías llenas, la conexión rápida, contrastando opiniones, a cientos. Había leido mil libros y visitado incontables ciudades a golpe de pulsación. Conocía las misiones espaciales, los procesos degenerativos de las células cerebrales, el once inicial de los equipos de futbol. Practicaba deportes, tres o veintitrés. Ya ni se acordaba. Olía un perfume e identificaba la marca en un chasquido de su lengua paladeando delicatesen como experto en comidas del mundo. Olfateaba el vino que daba vueltas en la copa y a continuación lo aderezaba con su experiencia en gin y a veces en ‘yan’. Sabía de moda, cómo no, impoluto, impecable e infumable. La decoración era su punto fuerte, mezcla de art decó, vanguardia e industrial. Había estado en misiones humanitarias, alimentando peces al borde de la extinción, protegiendo bosques y llevando agua potable con sus propias manos a un poblado perdido incontables kilómetros en lo más profundo del desierto del Gobi. Había visto el mundo entero, las miserias y los placebos, las virtudes, la indecencia y la violencia. Estaba versado.

Sin embargo, apoyaba la no utilización de las vacunas por motivos económicos y científicos, avalados por informes de personas de renombre que no conocía nadie porque ahí es donde estaba la linde del conocimiento, en lo underground, lo desconocido, lo silenciado por las multinacionales, las farmacéuticas, Ikea y su puta madre. Pensaba que las proteínas de la carne consumían el cuerpo y aporreaba las conciencias para que todos nos pasáramos a la lechuga ecológica, libre de pesticidas y químicos que no hacían más que atraparnos en esa vorágine que el poder impone al débil para que haga lo que mejor convenga. Reciclaba porque el planeta se consumía, era activista y partidista. Involucrado en la política y negando la religión, la que le tocaba de cerca y no le acosaba ni perjudicaba. Las otras, estaban bien y había que visibilizarlas.

Amigo de sus amigos y amigas, ciudadano y ciudadana del mundo porque ahora uno podía ser uno u otra a riesgo de que se le tomase por gilipollas y defendiendo su libertad de sí, seguir siendo gilipollas. Patrocinaba clichés superficiales para estar al lado del débil, del niño maltratado, de la mujer oprimida. Luchaba por la igualdad y la fraternidad, pero sin entrar demasiado en el fango de las injusticias no fuese a pasar que ni las estanterías llenas, lo mil libros, sus viajes a Ibiza o Eurodisney o a la playa de Bolonia sirviesen para algo.

Se frotó los ojos, cerró las ventanas y luego la sesión.

 

Wednesday

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