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El golpe seco de la puerta aisló el mundo exterior de su propia consciencia. El olor a café le transportó al mismo lugar veinte años antes. Seguían juntos y eso era un logro, pero ambos habían cambiado lo suficiente para darse cuenta de que se querían más de lo que hubieran imaginado en aquel Cadillac Eldorado que aún conservaban. La Rucker estaba fría y afilada. Ella la manejaba bien. Le gustaban más las navajas y con el tiempo fue dejando de lado los cuchillos que tanto apreciaba él. Se agachó hasta la pernera del pantalón y empezó a rasgarlo de abajo a arriba. Se deshilachaba con facilidad y de vez en cuando paraba para clavar ligeramente la punta en la carne. A él se le arqueaba la espalda y ella se mordía el labio. El cuero del cinturón parecía mantequilla ante el filo de la hoja de la navaja. La camisa desapareció sin mucho problema y los jirones de la ropa quedaron sobre sus pies protegidos por las botas. Miró las ligaduras que había preparado en los tobillos y las muñecas detrás de la espalda y aunque había practicado mucho, no confiaba demasiado en la fortaleza de sus nudos. Estaban intactos.

Sonrió mientras le colocaba una mordaza y la navaja abierta entre las piernas mientras tiraba de la fina cuerda anudada al cuello y que pasaba por el asiento de delante entre las barras del reposacabezas. La cuerda salía por debajo del asiento y al tensarla tiraba de su cuello e hizo que levantara su cuerpo. Se acercó al oído y le susurró algo a través de los dientes. Él, apretó las piernas para que la navaja no se cayera. Pisó la cuerda para que estuviera tirante con él incorporado. Del bolsillo sacó el plug con el que él jugaba casi a diario con ella y lo colocó en el asiento. Fue soltando la cuerda despacio hasta que él se sentó sobre el plug. Apareció la resistencia. Tiró de la cuerda hasta dejarle tensa de nuevo mientras él clavaba los dientes en la mordaza y comenzó a cantarle al oído:

«I’ve got to be honest
I think you know
We’re covered in lies and that’s OK
There’s somewhere beyond this I know
But I hope I can find the words to say»

Soltó la tensión haciendo que el cuerpo se precipitase sobre el asiento. La mordaza se deformó por la presión, el pecho se comprimió y el abdomen se endureció cuando el asiento hizo que rebotase. Ella tiró de la cuerda otra vez levantándole como a un muñeco sin dejar de cantarle…

«‘Cause you’re a god
And I am not
And I just thought
That you would know
You’re a god
And I am not
And I just thought
I’d let you go»

La cuerda volvió a destensarse y el cuerpo de nuevo cayó a plomo mientras los músculos se tensaban y las venas del cuello se inflamaban mientras los latidos peleaban por reventar la piel y saltar hacia los labios. Ella se acercó y lamió la pulsante arteria mientras comenzaba a tirar de nuevo de la cuerda…

«But I’ve been unable
To put you down
I’m still learning things I ought to know by now
It’s under the table so
I need something more to show somehow»

Soltó de nuevo la cuerda y dejó que se la espalda reposara sobre los brazos atados. Con delicadeza levantó su barbilla y besó el cuello en tensión, jadeante y sudoroso mientras le aplicaba un poderoso masaje con el pulgar en la base del glande. La saliva goteaba por la barbilla y la respiración agitada inflamaba las mejillas. Presionó más fuerte hasta que el calor inundó su mano y los espasmos agitaron el cuerpo en todas las direcciones. El gruñido se mezcló con la música cantada con suavidad…

«Never again no
No never again
‘Cause you’re a god
And I am not
And I just thought
That you would know
You’re a god
And I am not
And I just thought
I’d let you go»
Le quitó la mordaza y le pasó la mano empapada por la boca. Volvió a sonreír. ¿Café?

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