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En aras de la igualdad se han escrito muchas gilipolleces. Echaba el café humeante en la taza mientras le escuchaba llegar caminando descalzo por el pasillo. La conversación telefónica era sosegada y amistosa y a través del altavoz se escuchan las preguntas, las dudas y las penas. siempre hay penas que contar cuando uno no entiende de que trata todo este asunto y no consigue dar con la persona que pueda resolver las dudas de la mejor manera posible. Arriba, abajo, dominar, someter, sumisión, eran palabras que se colaban entre las virutas de humo que el café se dedicaba a hacer cual artista improvisando en una performance. Él agarró su taza y se fue al otro lado de la mesa, se sentó y bebió con ganas mientras seguía la conversación.

No te creas nada de lo que te digan, no hagas de una opinión una verdad indubitable porque la ha dicho un muchacho que no conoces y que por poner una voz engolada cree que su ministerio es superior a la experiencia. Uno está en muchos sitios, arriba, abajo, a un lado, detrás o delante y depende mucho no de ti sino del otro. Si ese quiere que estés detrás o abajo, ahí estarás. ¿Es dónde quieres estar o es dónde te exigen estar? Ya, ya, sé por dónde vas a ir. Si él es que ordena, tú obedeces. Pues claro que es así. Frunció el ceño al mismo tiempo que le miraba esperando algún consejo algo más sabio. Ella sólo sabía ser sumisa, ¡qué coño estaba haciendo aquí dando consejos que ella no entendía! Con gestos pedía ayuda, pero él lo único que entendía es lo que realmente quería hacer. Le señaló un cuchillo y ella sorprendida negó con la cabeza. Él, sin embargo, sonrió. Se lo acercó y le dio la espalda lo suficiente para que notase la goma de las bragas partirse en dos. El gritito a él le hizo reír y ella comenzó a decir gilipolleces al teléfono intentando recomponerse para no pensar demasiado en lo que iba a suceder a continuación. Cuando tiró de ella la sentó sobre sus rodillas, a horcajadas y los pies quedaron a escasos milímetros del suelo, lo suficiente para que pudiese balancearlos con picardía.

No imaginó que rajase de arriba a abajo una de sus camisetas favoritas, la que él llevaba puesta la noche anterior y que por la mañana ella utilizó como reconfortante camisola para cubrirse las tetas y las caderas. Las palabras Mechanical y Resonance quedaron separadas por un tajo limpio y luego el filo se dio una vuelta alrededor de las tetas. Como pudo, terminó la llamada con un hablamos luego que tengo que hacer cosas y esas cosas eran las cosas de él. Apoyó la hoja del cuchillo sobre el pubis, apretando primero suavemente y aumentando la presión cerca del clítoris. Para ella no era la hoja sino el filo y la angustia y la congoja le hacían cerrar las piernas. Para su desgracia tenían poco recorrido porque él hacía presión con las suyas hacia el exterior. Él no dejaba de mirar sus ojos y ella intentaba aguantar esa mirada que podía pasar de la diversión a la del puteo en un instante.

¿Y tú dónde estás? le preguntó él mientras hacía vibrar el acero sobre el clítoris inflamado. Entre asustada y confusa no supo que responder al principio y mientras aguardaba la respuesta le sonreía en la puta cara. Estoy dónde tú quieres que esté. Hacía muchísimo tiempo que no le trataba de usted porque a él le tocaba los cojones sobremanera aquella forma de actuar tan impostada y establecida. Estoy dónde tú quieres que esté, volvió a repetir ella. Entonces dejó de sonreír porque la respuesta no era la que esperaba. Has dicho antes aquello de arriba, abajo, detrás, delante. ¿Yo quiero que estés en todos esos lugares? Fue ella la que ahora se quedó algo descolocada hasta que la carcajada inundó su boca cuando la besó. En realidad, yo quiero que estés dónde te apetezca estar. En el único sitio que seguro quiero que estés siempre es hombro con hombro, a mi lado. Lo demás, son simples juegos y acuerdos muy divertidos en los que nos metemos cuando queremos ser perversos. Apartó el cuchillo y le metió un dedo hasta el fondo mientras le hacía lamer el filo con la lengua. Ella tembló y él como siempre fue feliz.

Wednesday

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