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Miraba con aquellos ojos grandes, consumida por sentirse tan inmóvil, en tierra de nadie, los brazos extendidos, uno a cada lado, esperando que alguien le diese el testigo, sin importarle ni el origen ni el destino final. Cuando miraba a un lado le veía descalzo, o al menos le imaginaba en el laberinto de su cabeza, caminando despacio, salpicando con los pies las gotas del tiempo que consumían su existencia. Le veía acercarse pero como en el mar sucede con los barcos, a veces esa sensación era solo un espejismo. ¿Se acercaba o estaba inmóvil? Por momentos notaba lejanía y cerraba los ojos con la esperanza de que al abrirlos, como en otras ocasiones, sintiese su aliento acariciando los labios que él deseaba hinchados. La distancia si que era violenta, mucho más que sus manos imaginarias, mucho más que lo efectivo de sus actos.

Si miraba al otro lado, veía su espalda, ancha, perfilada con el horizonte y al mismo tiempo, borrosa. Y apretaba los dientes como si esas dentelladas fueran a atravesar la piel de sus hombros, la carne ardiente de su lengua. Le miraba de arriba a abajo, con respeto y con deseo avasallador. Quería sujetarse para liberarse y dar rienda suelta a ese otro mundo que vivía dentro de sí y que le mantenía en un desconcierto permanente. Buscaba sin encontrar pero lo había encontrado.

Todo se volvía tenue y húmedo a su lado, en su voz, en su cortesía. Deseaba sentirse útil de esa manera tan especial que él transmitía y siempre dudaba de si conseguía hacerlo o no. La vida se complicaba, ¿cuándo no era así? se preguntaba igualmente. Una pregunta que nadie podría contestar y él, no intentaba hacerlo. Lo agradecía, agradecía la importancia del consuelo sin más, no el humo falso con el que nos gusta atizar en la hoguera de las vanidades como dijo Tom Wolfe. Recordó que una vez le dijo: “Todo el mundo necesita llorar, no importa la circunstancia sino el momento”.

Y ahora solo necesitaba hacerlo, como una cría se acuclilló, rodeó sus piernas con los brazos y el llanto rompió contra las rocas de la desesperación. Sin embargo, en el horizonte, seguía él, tenue.

Wednesday

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