La ardiente arena que heló tu sangre – II –
Dentro no había lujo, ni tan siquiera era grande o agradable. Quizá pensaste que dentro estaría una recompensa gozosa y placentera. Pero en el fondo de tu corazón solo deseabas que el árbol solo hubiese sido el comienzo. Lo comprobaste pronto. El agua estaba helada. Te sumergí hasta el cuello y me salpicaste al sorprenderte …