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Sin mucho ruido, durante la semana me tocaste bastante la moral. Seguramente tu inquietante juventud te envalentonó en vista de que no se hacía habitual castigarte por tus estupideces. A veces es lo que me pasa, que no le doy demasiada importancia a ciertas cosas. Pero esta vez, tocaste techo en lo ridículo de tus desvaríos. En ocasiones se te nublaba el juicio y dejabas de lado tu sumisión para enfrentarte en una batalla que de antemano tenías perdida y la ira te hacía perder el juicio. Yo te miraba, no sé si asombrado o de mala hostia, pero esperaba a que tu furia desmedida se agotase. Eres igual que una cerilla, y debo recordarte, que puedo apagarte con dos dedos.

Para esta ocasión organice un pequeño picnic casero e invité a tus amiguitos del trabajo, que tienen de todo menos diversión y desparpajo. Para tu deleite y nerviosismo me permití la licencia de modificar la silla donde siempre te sientas y coloqué un plug anal metálico, algo grande para que no estuvieses demasiado cómoda y me hicieses quedar mal ante tus amigos. La silla estaba preparada, la mesa también y los invitados llegaron justo a tiempo. No viste el plug hasta que separaste la silla y entendiste, claro está, porqué te había pedido que no llevases bragas. Soy un romántico, ya lo sabes.

Me miraste con cara de espanto y negando sutílmente con la cabeza. Sonreí. Esa sonrisa que sabes que, o lo haces, o se monta la mundial. Agachaste la cabeza. Entre tanto, los invitados se fueron sentando entre comentarios distendidos y algo anodinos. Pensaste que si te sentabas la primera o la última se iba a notar demasiado que algo sucedía, así que me acerqué a ti y coloqué de nuevo la silla para que pudieses sentarte adecuadamente. Lo hiciste poco a poco, moridéndote el labio. Notaba como ahora, ya no te revolvías iracunda, entendías el castigo y mi silencio tranquilo durante toda dE la semana. Comprendiste que los castigos no se avisan, se marcan y se cumplen. Un gritito ahogado salió de tu boca cuando el plug se insertó del todo.

Me acerqué al oído y desbaraté cualquier opción de levantarse. Estaba fijo a la silla. Si querías librarte de él, luego volverías a tener que sentarte encima. Entonces pensé que igual eso podría ser divertido.

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