Seleccionar página

El miedo tiene muchas aristas y todas ellas cortan, afiladas y frías, incomprensibles muchas veces, pero también incomprendidas. La mayor parte de las veces que el miedo nos rodea suele ser por nuestro propio desconocimiento, quedándonos atrapados en una plegaria de deseo que intentamos no se cumpla. Cuando y con mucha sorpresa me han dicho que tenían miedo, a mis reacciones, a mis actos o a mis palabras no he podido más que quedarme pensativo buscando una explicación posible. No siempre el dominante puede dar la mejor respuesta a la sumisa aunque la tenga porque de una manera o de otra, la relación conlleva un grado de vicio que es difícil de separar. Desde fuera, otra perspectiva, otra directriz que ilumine lo que ya he dicho yo con anterioridad viene bien. Y además es bastante sano.

Pero a muchos de nosotros que algún elemento externo se inmiscuya en asuntos privados nos hace temblar las canillas, porque la inseguridad, intrínseca en cada uno de los seres humanos con mayor o menor grado, llama a la puerta. Podemos echar un vistazo por la mirilla, no hacer ruido y esperar a que se vaya, abrir la puerta y buscar excusas o simplemente, aceptar que en algún momento de nuestra vida, nos acompañará en el camino. Luchar contra eso no tiene demasiado sentido, aceptarlo si. Y eso nos hará más fuertes y claros en nuestras actuaciones. Y el miedo, que siempre está pululando a nuestro alrededor se instala en nuestras vidas de formas complejas y curiosas. El miedo al rechazo, a no ser lo suficientemente bueno o no serlo durante todo el camino, al paso del tiempo, a fallar, a guiar mal, a cometer errores por distracciones. Ese es el miedo constante y muchas veces aleatorio tiene cierto sentido. El miedo a ser cambiado. Como dominante no pretendo cambiar a la sumisa porque precisamente lo que me enseña es lo que deseo y sobre todo ello quiero construir todo lo demás.

Puede ser rebelde, contestona, desordenada incluso desesperante, pero todas esas cosas le hacen ser lo que son. Si ella tuviese miedo a ser como es ¿qué sobresaldría? El miedo, simplemente. Y desde ahí no se puede avanzar porque el temor a ser una misma, a no permitirle expresarse como mujer y como sumisa le haría perder todo lo que me gusta de ella. Mi labor no es cambiar, es atemperar todo aquello para que siga estando presente y porque yo querré que sea rebelde cuando sea necesario y contestona cuando merezca la ocasión. Todo ese tiempo, trabajo y esfuerzo de ambos siempre tendrá recompensa y simplemente se requiere dedicación y deseo, ganas de aprender unidos y convencerse de que el miedo y la inseguridad pasarán de largo por la por delante de la puerta buscando alguien que les invite a pasar.

El lobo no da miedo, pero muerde y desgarra aquello que desea porque ya le ha sido entregado.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies