No eres un caramelito

Me desahogué contigo, pagué mi frustración con tu piel, tensé mis nervios con las cuerdas que te aprisionaron hasta hacerte gritar. Golpeé mi ira con la rabia que me hacía ver que tu cuerpo soportaba lo que yo no pude. Te grité en la cara toda mi furia haciendo temblar tus lágrimas. Pinté tu cara …

Líquido

Son los recuerdos, los que subyacen de mis encuentros, los que destrozan tu piel en los arrebatos de nuestra conciencia para terminar humedeciendo todo cuanto toco. Por mucho que intente abarcar con mis manos tu mundo, se me hace líquido. Liquido, cuando arranco lágrimas de tus ojos penitentes, de tus miradas perdidas en mi interior, …

Amarrando en el puerto de tus ojos

El juego de la dominación a veces carece de la furtividad para acechar sin ser visto, sin amedrentar y sin invadir el espacio vital de los demás. Tiene ese componente voyeur que a casi todos les gusta, pero que en muchos dominantes parece haber desaparecido o al menos relegado a un segundo plano. Eso de …

En mitad de la anarquía

Es difícil controlar que algo no se te vaya de las manos cuando todo lo que sucede a tu alrededor invita a ello. Su cuerpo se deslizaba por el aire, balanceado por la cuerda y después de casi veinte minutos inmovilizada y con un hitachi pegado a su coño, seguíamos adelante. Los gemidos se habían …

Las cartas

Siempre tuve fascinación por tu curiosa forma de hacerme ver lo cerca que estabas de mí. Aun viéndote cada día, me hacías llegar una carta manuscrita donde me sorprendías con tu capacidad para asimilar el aprendizaje y tu deseo de seguir haciéndome sentir lo que soy. Era un ritual, coger el sobre y mientras tomaba …

De buen rollito

Antes. Hemos quedado, hoy, por la tarde, la pandi del bdsm, nos llevamos tan bien aunque no nos hayamos visto nunca ni sepamos que hacemos ni de que palo va cada uno. Pepito es amo y tiene varias sumisas, fieles y entregadas, al menos eso dice él. Juanita no es sumi pero dice que quiere …

La ardiente arena que heló tu sangre – III –

El terror tiene muchas caras, pero la más atroz de todas ellas es la del abandono. Pasé mi mano por su espalda desnuda hasta llegar a sus nalgas y empujé suavemente su cuerpo hacia adelante. Ve con ellos susurré. Se frenó, hizo el gesto de girarse pero se contuvo. Sin ver su cara sentía sus …

Cables de alta tensión – II –

Era lo más parecido a jugar con marionetas, su cabello enredado en mis dedos, deslizándose por ellos mientras mis muñecas danzaban en un teatrillo imaginario. Así estuve muchos minutos, sonriendo inevitablemente e intentando inmiscuirme en sus sueños pero me resultó imposible. La noche se cerró sobre nosotros y yo me sumergí en un cúmulo de …

La ardiente arena que heló tu sangre – II –

Dentro no había lujo, ni tan siquiera era grande o agradable. Quizá pensaste que dentro estaría una recompensa gozosa y placentera. Pero en el fondo de tu corazón solo deseabas que el árbol solo hubiese sido el comienzo. Lo comprobaste pronto. El agua estaba helada. Te sumergí hasta el cuello y me salpicaste al sorprenderte …